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La “adolescencia” de la carne: en plena crisis de crecimiento

La “adolescencia” de la carne: en plena crisis de crecimiento

Entre la potencialidad de seguir exportando cada vez más y el fuerte consumo interno, hay asignaturas pendientes.

Como un adolescente vigoroso, que muestra un gran potencial para “comerse el mundo” pero arrastra cuestiones irresueltas que generalmente se presentan como conflictos en su propia casa, la carne vacuna argentina va camino a terminar un año de fuerte crecimiento. Sin embargo, queda mucho por resolver para llegar a un estado de madurez integral. Y las mayores dificultades se expresan “puertas adentro”.

Esta semana se realizó la 8° reunión de la Mesa de las Carnes, una vez más con la activa participación del Presidente de la Nación, Mauricio Macri, que desde el principio de su gestión ha tomado a esta cadena como un símbolo de su gestión, en un sentido por momentos paternalista, entre exigencias desafiantes y perdones condescendientes, que conectan con la metáfora inicial de esta nota.

Los resultados que se ven hasta ahora en este sector agroindustrial son de medio vaso; algunos ven la parte llena y otros la vacía. En ese sentido, desde el mismo panorama general empiezan los roces. Competitividad y transparencia, son algunos de los conceptos a los que todos parecen aspirar, pero aún no se consolidan como realidad. Repasemos algunos aspectos.

El elemento clave de los últimos tiempos ha sido la tracción de la demanda, encarnada -valga el término- por el aumento de importaciones chinas, que ya representa cerca del 60% de las ventas externas argentinas en este rubro. Ahí debe computarse la habilitación de carne enfriada y con hueso lograda por Agroindustria y la diplomacia liderada por el embajador argentino en Beijing, Diego Guelar.

Nadie ve eso como negativo, pero no falta quien esgrime que hacia allí se vende a un bajo valor por kilo (US$ 4.000), en relación a los cortes que compra Europa (alrededor de US$ 10.000 por kilo). Se pretende exportar cortes de novillos pesados, los más eficientes a nivel global, pero en nuestro país no llega a consolidarse como categoría, porque el fuerte consumo interno sostiene el valor de los novillitos.

Y según lo que reflejan los productores con sus actos comerciales, lo que ofrecen los frigoríficos exportadores por animales de más kilos no compensa el tiempo extra, y los costos adicionales, que requiere el mayor engorde.

Este asunto puede ser un próximo crujido fuerte de la cadena. Porque “se están acabando” los novillos y en los próximos meses puede haber un cuello de botella que altere la tensa relación oferta y demanda. Por eso, en la última Mesa de las Carnes se pidió a los coordinadores que trabajen en una propuesta con algún tipo de incentivo sin costo fiscal para salir de la “escasez de novillos.

Como sea, el salto exportador a las 530 mil toneladas que se registrarían hasta el 31 de diciembre es un dato alentador, claramente. Y hasta el boom de la vaca conserva, que aumentó de $0,60 por kilo en 2009 a los $30 actuales implica una renovación del rodeo, en principio saludable. Aunque también algunos alertan que se envió a faena mucha proporción de hembras, que por tener buen precio se desecho como fábrica de terneros.

Las dificultades empiezan desde el útero. Los índices de preñez y destete están lejos de poder ser considerados del Primer Mundo. Detrás de un grupo ganadero de elite que se acerca a los guarismos norteamericanos, o australianos por ejemplo, superiores al 90% por vaca, la mayoría de los criadores argentinos promedia un mediocre 60%. Es un dato de hace medios siglo, lamentablemente estancado.

En los múltiples eslabones que se encadenan hasta llegar al consumidor final, las asignaturas pendientes son diversas. Quizás el más importante es la “negligencia” sanitaria que implican las medias reses descargadas a hombro en plena calle, como ícono de prácticas que atrasan.

Frente a ello, el control electrónico de la faena y los intentos para darle mayor formalidad operativa y fiscal a este gremio es un ítem en avance, pero con ritmo “discutible”. El bajo porcentaje de carnicerías registradas, en el orden del 7%, es un aspecto que sin dudas debe mejorar, en beneficio de toda la cadena.

El subsector de los cueros se anotó el poroto de la semana, al conseguir la promesa de reducción de retenciones, un 5% antes de fin de año.

Es clave en un contexto general de quejas por la suba de costos, que según los ganaderos no compensan ni de cerca el 50% en precio que subió la carne en los últimos dos años. Los insumos para vacunar, los fletes para el traslado de la hacienda y otros costos productivos superan el 200%.

El desafío es que ese carácter adolescente, de plena potencialidad, que a todas luces ofrece la carne argentina, evolucione hacia una madurez que pueda capitalizar todo lo que promete. Todavía hay que esforzarse mucho para lograrlo.

(Fuente:clarin.com)