Cargando...
El sorgo quiere volver a estar en la vidriera

El sorgo quiere volver a estar en la vidriera

En el marco de la reciente visita oficial a la Feria China International Import Expo (CIIE), en Shanghái, el gobierno argentino conversó sobre la posibilidad de crear un sistema más ágil para la aprobación de plantas cárnicas para la exportación, sobre la habilitación de 20 plantas de harina de soja, que están siendo analizadas; y sobre el ingreso de otros productos como el trigo, el sorgo, la nuez pecan y los limones. Esta decidida política de apertura y acceso a mercados internacionales que se lleva adelante desde hace más de dos años tiene una importancia estratégica esencial para la producción agroalimentaria de nuestro país.

También la tiene para un cultivo muchas veces relegado, como el caso del sorgo, un cultivo histórico en la Argentina y que merece una consideración diferente de parte de los productores, proveedores, procesadores, consumidores y decisores de política pública. En el ciclo 1970/71 llegó a cubrir 3,12 millones de hectáreas y alcanzar una producción de 8,1 millones de toneladas. Actualmente se siembran 640 mil hectáreas y la producción es de 3,15 millones de toneladas. Diversos factores fueron afectando al sorgo, como la competencia de otros cultivos, cuestiones climáticas, los mercados internacionales (el principal destino de esta producción), la disponibilidad de genética y nuevas tecnologías, por nombrar sólo algunos.

En el mundo la demanda luce renovada bajo el impulso y promoción que llevan adelante los grandes productores de sorgo: Estados Unidos y Australia. Desde hace diez años, el programa “United Sorghum Checkoff “, una organización financiada por productores, se dedica a mejorar la industria del sorgo a través de la investigación, la promoción y la educación en Estados Unidos; en tanto que en Australia, OZ Sorghum, una alianza de investigadores, se ocupa por mejorar la productividad y rentabilidad de la industria del sorgo australiano y de los usuarios finales a través de la mejor combinación de la genética y la agronomía.

De acuerdo con cifras del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) se estima comercializar 6,5 millones de toneladas de sorgo a nivel mundial en la campaña 2018/19, de las cuales Estados Unidos exportará 4 millones de toneladas, Australia, 1,5 millones, y Argentina, tercer exportador mundial, 500 mil toneladas. Por el lado de las importaciones, China será el principal destino (a pesar de una drástica reducción, a la mitad) con compras por 2 millones de toneladas, y México adquirirá 1,5 millones de toneladas más. El resto se distribuye entre la Unión Europea, Japón, Sudán y Chile, entre los más relevantes.

Sus usos finales son muy variados y van desde el consumo animal, humano, la producción de forrajes, la elaboración de bebidas alcohólicas, etanol, alimentos para mascotas y acuicultura, entre muchos otros. Al mismo tiempo, el productor argentino lo conoce, sabe de su versatilidad, productividad, adaptabilidad y estabilidad.

Dado que Argentina ha iniciado una senda de crecimiento en la transformación de proteínas vegetales en proteína animal, con la carne vacuna como estandarte y como una clara estrategia de agregado de valor, cabría preguntarse por qué el sorgo no puede acompañar y potenciar ese proceso. Hasta el momento ha sido el maíz el cereal por excelencia elegido por su calidad como forrajera y por su amplia oferta de germoplasma y biotecnología. Sin embargo, las últimas estimaciones de la Secretaría de Gobierno de Agroindustria para la campaña 2018/19 recientemente difundidas, dan cuenta de un crecimiento de la intensión de siembra para el sorgo de 20% respecto de la campaña anterior (770 mil versus 640 mil hectáreas), mientras que el maíz crecería 2,7% en su superficie pasando de 9,1 a 9,35 millones de hectáreas.

Para potenciar esta tibia recuperación en el cultivo se hace necesario pensar en un plan estratégico particular para el sorgo, que sirva de faro al largo plazo y que contribuya a articular a toda la cadena productiva. Por un lado, con la exportación como guía, negociando condiciones de acceso a mercados, promocionando el cultivo en el exterior, etc. Por otra parte, y no menos importante, con el fomento de la demanda local, focalizado en la producción ganadera (vacuna, porcina y aviar) y buscando sinergias en los planes nacionales (“Ganadería Argentina, más eficiencia, más futuro”) o planes privados (IPCVA).

Poner al “sorgo nuevamente en la vidriera” y en la consideración de los productores es factible, como ha sido demostrado en otras producciones que poco a poco empiezan a despegar y buscar su lugar entre los grandes cultivos, como han sido algodón, legumbres, miel y muchos otros. Es necesario construir un compromiso duradero entre todos los actores de la cadena, fijar un rumbo y metas específicas, y diseñar planes de acción consistentes y realizables.

(Fuente:www.clarin.com)